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Permitir o forzar?

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Una de las características de este método de trabajo corporal es el estirar la musculatura desde soltar , no desde forzar . Los músculos no son sólo los motores del movimiento, también son sus frenos.

En Diafreo trabajamos llevando nuestras estructuras; huesos, articulaciones , a su eje , y una vez allí soltar los mecanismos que les impiden estar en esa posición de forma espontánea.

En su eje nuestras articulaciones conservan sus superficies articulando en armonía , conservan el espacio necesario entre sus extremos para que el movimiento no provoque roces ni desgastes .

Las superficies articulares coinciden para que el movimiento producido por la tracción de los músculos se traduzca en el deslizamiento de una superficie sobre otra , el bombeo provocado por este movimiento no sólo no perjudica a la articulación sino que la ayuda a regenerarse, a nutrirse, aumenta la circulación sanguínea, el movimiento de la linfa, y la regeneración del cartílago y el hueso.

Un mal alineamiento de la articulación convierte el mismo movimiento en perjudicial , produce fricciones y desgastes que llevarán a la larga a provocar desgaste articular, inflamaciones agudas o crónicas, artrosis…

No es lo que hacemos sino cómo y desde dónde lo hacemos.,

En una visión mas global la distribución de las masas en nuestro cuerpo, pelvis, tronco , cintura escapular y los sistemas que contienen, órganos, glándulas.. tienen también su lugar de equilibrio, el lugar donde los pesos son distribuidos (por ejemplo, estando de pie) a través de la pelvis y de las piernas ,de manera que al final descansen en nuestro apoyo en el suelo. Si estas estructuras no están alineadas el peso ya no se distribuye hacia el lugar de apoyo sino que pasa a ser suspendido de la musculatura, la cual se tensa para soportar ese peso , en detrimento de sus funciones de distribución de los pesos y movimiento.

Soltar es permitir, no forzar

Si estiro una pierna y mi objetivo es verla recta rápido ,”hacerlo bien”..utilizaré mi fuerza y mi voluntad pero no estaré a la escucha de los pequeños frenos que surgen en el camino… mis glúteos se tensan ,porque siempre participan cuando tengo prisa, pero los glúteos impiden la flexión de la cadera, así que haré mas fuerza para superar esta resistencia , mis isquiotibiales y gemelos participan en casi todos los movimientos que hago ,así que, aunque su función sea la de flexionar ,también los utilizaré para extender la pierna ..el movimiento es cada vez mas difícil, mas costoso, pero yo tengo un objetivo, estirar mi pierna .. y estoy acostumbrada a esforzarme , a superar los límites y las dificultades , y esto no va a ser menos , el ejercicio me resulta agotador , tiro con los brazos, hago fuerza con los hombros y, al final , para llegar un poco mas allá aguanto la respiración. Objetivo alcanzado, pierna estirada, ..¿Qué precio he pagado?, Tensión en rodilla y cadera, tensión en hombros, dorsales bloqueadas y doloridas.

Pero hay otra manera , otra propuesta ,estar en el cómo, escuchar y permitir.

Escuchar dónde siento las primeras tensiones y soltar, no forzar una articulación sino sentirla , escuchar dónde están los frenos y darme tiempo, respirar cada movimiento , y sentir hasta dónde puedo llegar sin que el resto del cuerpo se bloquee , cuales son mis límites y respetarlos , no tienen que ser los mismos que los de mi compañera, cada una tenemos nuestro cuerpo, nuestra historia , nuestro carácter, solo conociéndome me podré respetar y viceversa .

Después me estiro, observo qué ha cambiado, que espacios se han abierto, la diferencia entre una pierna y la otra . Y habito ese espacio, el lugar que ocupaban las tensiones, el lugar que ocupaban los esfuerzos , los “debería ser”, los “tengo que”, los mandatos que interioricé y confundí con mi ser, mi carácter ..

Y debajo, en el soltar , en el permitir, aparezco yo , ocupo el espacio que me corresponde , vivo y me relaciono desde mi presente .

Y al ocupar mi espacio ocupo mi tiempo , existo en un espacio y en un tiempo. Dejo de habitar en el espacio atemporal de mi mente , desde donde todo y nada es posible y actúo desde el deber y la fantasía , desde la abstracción , y al llevar mis objetivos a la realidad me es imposible materializarlos , no tengo tiempo , tengo que hacer mas y mas rápido y mi espalda se tensa para empujarme hacia delante , mis gemelos se activan preparándome para la carrera que supone encajar mis planes y deseos en el tiempo y el espacio , y si no encajan es un fallo de la voluntad , mas esfuerzo, mas tensión, mas prisa .

pensamiento

Respiro… mi cuerpo existe aquí y ahora , mi mente es un valiente gestor de experiencias y planes y mi inconsciente un profundo pozo de sabiduría, existo en todos los planos …

Artículo de Sara Garcia publicado en la revista “Mujer y Salud”

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DIAFREO Y VISION

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ojo

DIAFREO Y VISION

(Texto de Montse Ribas; terapeuta en diafreo y educadora visual)

imagen :César Augusto Serna

Muchas técnicas nos enseñan como mejorar el estado de nuestros ojos, y por lo tanto nuestra visión, pero no contemplan las consecuencias que implica situarnos de manera distinta en respecto a nuestra manera de percibir el mundo. Por lo que muchas veces nos proponen unos ejercicios, que realizados sistemáticamente, y casi de manera mecánica, prometen mejorar nuestros ojos de manera natural y sin gafas.

Claro, sucede que la cosa no es tan sencilla, no es tan simple. Si se tratara de esto, quizás las personas podrían, simplemente conectarse a internet, buscar estos ejercicios oculares en la red y realizarlos, seguramente, utilizando la fuerza de voluntad que en cada momento tuvieran disponible. 


La misma fuerza de voluntad que en momentos complicados de sus vidas han tenido que utilizar, conectando, seguramente, con la actitud de esfuerzo y que los ha conducido a resolver situaciónes con éxito social pero con un coste personal alto (tensiones fisicas, y desconexión de sensaciones y sentimientos).


 Este sistema de actitudes tienen que ver, casi con seguridad, con la actitud visual tensa que buscan relajar. En definitiva, se busca relajar una tensión que ha sido profundamente reforzada con èxitos y aprobaciones externas. Por lo que es dificil salir de ese círculo que se retroalimenta.

Explorar salir de la actitud de esfuerzo y hacer los ejercicios planteados desde otro lugar, nos confronta a los mismos sentimientos que hemos tenido en momentos que no hacíamos las cosas “bien”, nos hemos sentido juzgados, con culpa, unas sensaciones de no ser merecedores, miedo al abandono…y enseguida autoexigencia….y propósitos.


Por lo que, con los propósitos empezamos a hacer los ejercicios CADA DÍA! delante del optotipo, ojos para arriba, ojos para abajo. Y claro, me aburro, dejo de respirar, tenso las cervicales, nalgas….y me esfuerzo por mover aquello que un dia fije para sentirme segur@.

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Y aunque en estas propuestas hay una insistencia de RELAJAAAATTTTEEEE, RESSSPIRA, NO TE ESFUEEERCES, JUEGA…. me sucede que no entiendo muy bien como no puedo seguir estas simples indicaciones, no las puedo integrar, cuando realmente, me considero una persona, que cuando me propongo algo, suelo poderlo llevar a cabo con éxito, y màs si me lo proponen “por mi propio bien”. ..y, ..se me rompen los esquemas, 

Y claro, afronto una sensación de frutración, aprendiendo que no puedo con todo. Arraiga la idea de que mi fuerza de voluntad se tambalea, y me encuentro en un callejón sin salida.

Plantear un camino para relajar los ojos y llevarlos a otra actitud visual natural no es tarea fácil. El material que manejamos es muy frágil y reacciona de manera muy automática. Está impregnado de creencias, de experiencias de adaptación y supervivencia afectiva. Esta información psíquica-emocional actúa de manera constante y silenciosa, condicionando nuestra percepción.

 Muchas veces, para realizar los ejercicios bien, utilizamos la misma estructura de tensión que ha llevado a nuestros ojos a una actitud visual tensa. Sentimientos como busqueda de aprobación o responsabilidad, pueden estar minando la rutina propuesta en los ejercicios visuales. 

Por eso es importante empezar el proceso con un trabajo de conciencia.

Tomar conciencia es darme cuenta como estan y como reaccionan nuestros ojos cuando les proponemos diferentes experiencias visuales.

 Puedo darme cuenta que cuando miro con interés dejo de respirar, dejo de sentirme, me deshabito. O quizás puedo observar que cuando me propongo mirar algo, muchas veces lo hago con ausencia. Mil pensamientos me vienen en ese preciso momento y soy capaz de dividir mi presncia. Asi veo sin mirar. 

O quizás puedo observar que en mi vida solamemte existen las cosas que son de mi interés, y lo hacen con mucha intensidad, de manera que llegan a suprimir el mundo circundante…


Cuando sucede esto puedo empezar a buscar la manera para habitar, mi actitud visual, para que ésta sea relajada, suelta y equilibrada. Y entonces es cuando puedo romper los círculos de obligación, disciplina, responsabilidad y desvincularlos de la culpa, el miedo… 


En el trabajo de conciencia me conecto con actitudes que se han instalado en mi sistema y que lo están determinando. Actitudes que tienen que ver con nuestra historia. Y es así como mediante tomar conciencia, puedo situarme para percibir de manera diferente, dejándome sentir què representa para mi el cambio. Quizás por primera vez en la vida puedo permitirme explorar otra manera de hace, con seguridad y libertad.


Asi, comprobamos, que en el mirar está todo el juego de nuestra existencia, y podemos…..elegir cambiarlo.

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Conciencia corporal o control del cuerpo

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el sistema miofascial. sexto sentido

Texto de Malen Cirerol

En general se entiende por conciencia corporal la capacidad de sentir el cuerpo. Se supone que las personas que trabajan mucho el cuerpo como bailarines, gimnastas etc…tienen una elevada conciencia corporal, porque controlan su cuerpo. Pero control no es lo mismo que conciencia.

El sentido que quiero darle al termino de conciencia corporal es el de habitar. Habitar el cuerpo.

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Habitar el cuerpo es tener una conciencia del cuerpo no externa sino desde el interior. Sentirnos presentes en él. Que nuestra mente y nuestro cuerpo son uno.

Esto que puede parecer una simpleza no lo es tanto cuando intentamos hacernos conscientes de ello. Es curioso ver como las personas se sorprenden al comprobar que hay zonas de su cuerpo a donde les cuesta ir con su conciencia, que, si se fijan, sienten extrañas a ell@s mism@s, sintiendo, incluso a veces, rechazo al intentarlo.

Denominan a estas zonas. “zona negra” “zona oscura” “zona ausente” “barrera” etc…

En otros términos, ocupar con nuestra energía o nuestra conciencia todo el espacio interior del cuerpo, tener esta percepción interna, implica sentir, y no solo saber, que forma parte de nuestro “yo”.

Lo que yo llamo “Los agujeros del yo” tiene que ver con los brechas en esta conciencia corporal. Esta ausencia de la conciencia en una parte del cuerpo, que la mayor parte del tiempo es inconsciente. ¡estamos tan acostumbrados a vivir así!.

Una ausencia que tiene su historia; en algún momento se cerró ésta percepción más sutil, porque la información que contiene, en alguna circunstancia fue conflictiva.

El bloqueo de la percepción profunda de alguna parte del cuerpo, tiene que ver con mucho más que con una patología, un malestar o un dolor. Afecta al “Yo”, la conciencia de un@ mism@. La conciencia de ser un@ en el aquí y el ahora.

Estas faltas de conciencia corporal, estas zonas del cuerpo no habitadas, de las que se tiene una conciencia difusa, que podrían parecer de índole simplemente física, tienen su correspondencia con faltas de estructuración del “yo”.

Esto tiene una lectura a nivel corporal y un ojo experimentado las detecta con cierta facilidad.

Por ejemplo unas piernas no habitadas, podrán leerse porque, a nivel corporal, podremos observar tensión, que podría manifestarse, por ejemplo, en unas ingles cerradas con un pliegue más marcado que lo habitual. A nivel energético veremos un cambio de brillo en la piel, y de coloración que aparecerá más mortecina. Y al nivel de la sensación la persona se dará cuenta que existe una cierta barrera que le impide realmente habitarlas. Y, quizás, al intentarlo le entre un cierto desasosiego.nuestro cuerpo son uno.

Un espacio acogedor

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Es sencillo reconocer un dolor en el hombro, la espalda, las dichosas cervicales o esa molestia estomacal que te hace arder después de cada comida. Es fácil también administrar un analgésico o un antiácido para hacer desaparecer el mal, aunque solo sea por unas horas. Pero ¿qué esconde ese dolor? ¿cómo ha llegado a estar tan presente en mi vida?. Rara vez nos ocupamos de investigar cómo hemos llegado a estar donde estamos, a ser como somos. Nos vamos alejando de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y llega un momento que somos incapaces de reconocer sus señales.

El cuerpo es un lugar donde vamos guardando todas y cada una de las experiencias que tenemos a lo largo de nuestras vidas. Esas Experiencias son un conjunto de acciones, emociones e interpretaciones de todo lo que nos sucede, que vamos ubicando en algún lugar de nosotras mismas. ¿Dónde y por qué lo colocamos en un determinado lugar? ¿Ha tenido alguna importancia en mi vida? ¿Se manifiesta en mi cuerpo de alguna forma? Estas son preguntas que no son fáciles de responder, fundamentalmente porque apenas dedicamos esfuerzo y tiempo para ello.

 

Podemos imaginarnos nuestro cuerpo como una casa a estrenar, que poco a poco vamos decorando y llenando de experiencias a lo largo de nuestra vida. Ilusiones, encuentros y desencuentros, proyectos, amores, pérdidas, estrés, familia, etc. Todas van ocupando un espacio en esa casa que poco a poco se llena de vivencias que son solo nuestras y van definiendo nuestra forma de relacionarnos con el resto del mundo. En esa casa también hay desvanes, buhardillas, cuartos trasteros, armarios empotrados y rincones especiales, donde vamos guardando cosas, algunas sin darnos cuenta siquiera de que allí las hemos dejado, otras porque pretendemos olvidarnos de ellas, y otras simplemente porque no encontramos otro sitio mejor donde ponerlas. Estos lugares, se van llenando, y casi siempre los descuidamos, amontonando unas cosas encima de otras, hasta que llegamos al límite y el espacio cede, revienta o simplemente, duele. Entonces es cuando le prestamos atención y descubrimos la cantidad de cosas que hemos ido guardando a lo largo de nuestra vida. Pero la solución no es apuntar, eso sirve solo por un tiempo, como el analgésico. Hemos llenado el desván, y machacado el cuerpo sin reparar en como hemos llegado hasta ese punto.

 

Entrar en el chiscón, ordenar el cuarto trastero, darle la vuelta a la habitación, con actitud de “manos a la obra”, dejando salir la exploradora que llevamos dentro, abierta a experimentar, a enfrentarnos a las emociones que van a aparecer al mover uno y otro objeto, permitirá hacer hueco, liberar presiones, recuperar emociones ocultas en el álbum de fotos, generar nuevos espacios en los que sentirnos cómodas, reconociendo vivencias que hemos ido guardando, para poderlas ubicar en lugares que no sobrecarguen el espacio, nuestra casa, nuestro cuerpo. Al recolocar las experiencias acumuladas, es posible que deje de dolernos el pecho , pues el aire circula de manera más fluida, y el estado de ánimo cambia, porque nuestro cuerpo es ahora más acogedor.

 

Vamos entonces a descubrir nuestro espacio, reencontrarnos con nuestro cuerpo y escucharlo. Vamos a dedicarle el esfuerzo y tiempo necesarios, como quien decide explorar un lugar nuevo, con la misma ilusión. Vamos a prepararnos para experimentar, reconocer y nombrar las emociones que aparecerán al liberar pasillos. Abrir cajitas de las que surgirán recuerdos, emociones, fotografías de nuestra vida en las que nos reconoceremos, permitiéndonos identificar lo que somos, para poder elegir dónde y cómo seguir ubicando cada minuto del fluir de nuestra historia. Quizás sea el momento de dejar las prisas fuera, de aceptar el malestar inicial que pueda surgir, como las agujetas cuando empezamos a hacer ejercicio, y dedicarnos el tiempo que necesitemos para sentirnos a gusto en “nuestra propia casa”.

(texto de Ana y Teresa, participantes de talleres mensuales de Diafreo)