¿POR QUÉ NOS DUELE LA ESPALDA ?

(publicado en la revista MYS)

Hay trabajos que por todos son considerados como duros y generadores de problemas de la espalda, trabajos en los que, por ejemplo, hay que levantar peso, como puedan ser la albañilería, el trabajo del campo etc… Sin embargo, una gran mayoría de mujeres, a raíz del trabajo doméstico, se quejan de dolores de espalda, dolores en las articulaciones, pinzamientos etc….Ello no es debido a que las mujeres sean más frágiles, ni más quejicas; hay razones mecánicas, que sumadas a otras de estrés hacen comprender que todo tipo de esfuerzo hecho en ciertas posiciones del cuerpo son altamente nocivas para todo el organismo.

Para comprender porqué el trabajo del hogar es fuente de tantos dolores de espalda, tenemos que comprender primero unas leyes básicas de física:

a) Un cuerpo está en equilibrio cuando su centro de gravedad cae, en lo que se llama su polígono de sustentación. Por ejemplo: si tenemos un lápiz e intentamos ponerlo de pie, veremos que tiene un precario equilibrio. Cualquier pequeño movimiento pone en peligro su estabilidad, porque tiene mucho volumen en altura, en relación a la pequeña base en la que se apoya y una pequeña oscilación saca el centro de gravedad de este pequeño polígono de sustentación haciéndole caer. Sin embargo, si en vez de poner el lápiz vertical, lo acostamos horizontalmente, veremos que tiene un sólido equilibrio y que los movimientos no afectan su estabilidad. La base de apoyo es tan amplia que, a pesar de las variaciones en su posición, su centro de gravedad está siempre en su amplio polígono de sustentación.

En un ser humano el centro de gravedad está en el centro de la pelvis (coincide con el chakra Hara, el centro de la vida, el útero en la mujer) y, el polígono de sustentación está formado por el área que delimitan nuestros pies en el suelo. Por eso cuanto más abrimos los pies mejor sensación de equilibrio tenemos, pues así lo ampliamos. Esto es bien conocido por las/los practicantes de artes marciales que para tener una mayor estabilidad y no dejarse derribar, abren mucho los pies, y doblan las rodillas para bajar la pelvis acercando así su centro de gravedad a un amplio polígono de sustentación.

Podríamos decir que nuestro cuerpo está en una posición de equilibrio, cuando las diferentes masas del cuerpo (cabeza, torax, pelvis, brazos, piernas, pies) están colocadas de manera que, si dejáramos caer una plomada, pasando por el centro de gravedad, su extremo cae dentro del polígono de sustentación. Nuestro cuerpo, no es rígido como el lápiz, y a cada nuevo movimiento, a cada nueva postura, tiene un maravilloso sistema de información y adaptación para, continuamente, ir buscando de nuevo la postura de equilibrio. Esto debería hacerse con el menor esfuerzo muscular posible, como cuando hacemos una torre con diferentes objetos. Es la buena distribución de los volúmenes lo que la mantiene en equilibrio y no la fuerza.

Uno de los elementos más importantes para lograr en cada momento este equilibrio, es nuestra columna. Es un eje flexible, capaz de movimientos de flexión y rotación. Para cumplir con su función, debe estar libre y poder ser movida por músculos flexibles que le permitan adaptarse continuamente a cada nueva situación y no estar fijada por músculos agarrotados y acortados .

Hace más de 50 años, Françoise Mézières empezó su pequeña revolución en el mundo de la fisioterapia afirmando y demostrando que la musculatura no funciona como siempre nos han contado. Que no pueden analizarse ni tratarse nuestros males analíticamente, (es decir localmente). Introdujo el concepto de globalidad, apoyándose en el funcionamiento de los músculos en cadena. Es decir: cualquier acción que se ejerce sobre algún segmento del cuerpo, debido a esta organización de los músculos en cadena, tiene repercusiones en todo su conjunto.

Esta óptica nos permite ver como habitualmente se confunde esta ley del equilibrio con otra ley de física:

b) La ley del “par de fuerzas”.

Según ella, otra manera de equilibrar un cuerpo, es oponer a una fuerza que le desequilibra, otra igual y opuesta. Por ejemplo, si llevo una maleta en una mano, me equilibro, poniendo otra del mismo peso en el otro lado.

La confusión entre estas dos leyes es la que lleva a la visión de que hemos de reforzar la musculatura de la espalda para contrarrestar las leyes de la gravedad (ley del par de fuerzas), cuando lo que necesitamos son músculos flexibles para que podamos adaptar nuestro movimiento de masas a cada nueva postura (ley del equilibrio). La gimnasia y el deporte recomendados habitualmente, refuerzan la musculatura posterior del cuerpo, al precio de hacerla más ancha, más corta y más fibrosa. Circunstancia que hace empeorar la causa de nuestros males. La materia viva tiene posibilidades infinitas de adaptación y de cambio que deberían ser estimuladas y desarrolladas, y no puede ser estudiada de manera mecanicista, como si de un cuerpo inerte se tratara.

Las posturas habituales del trabajo doméstico, son, en su gran mayoría, inclinadas hacia delante: barrer, fregar, pasar el aspirador, planchar, hacer las camas, fregar los platos…etc…Si ponemos nuestra plomada, veremos que, en estas posiciones, su extremo cae totalmente fuera del centro de gravedad del cuerpo y de su polígono de sustentación, con la consiguiente tendencia a la pérdida de equilibrio. Al no poder distribuir las masas de una manera equilibrada, nuestro cuerpo, para no caer, pone en marcha su sistema de defensa no pudiendo, en esta situación, sostenerse más que utilizando la ley del par de fuerzas. En consecuencia, contraemos toda la musculatura de la espalda.

Si miramos esta musculatura posterior del cuerpo en un libro de anatomía, podremos observar como, de abajo hasta arriba , en todas sus capas, de la más profunda a la más superficial, se encadena, se sobrepone como las tejas en un tejado; desde el sacro hasta el cráneo, como si formara un sólo músculo.

Cuando contraemos esta cadena muscular para no caernos de narices, durante horas, días, meses, años…, estos músculos acaban crónicamente contraídos, acortados y fibrosos con la consiguiente pérdida de elasticidad y flexibilidad. Perdemos nuestra capacidad para encontrar en cada momento el movimiento flexible de las masas en búsqueda del equilibrio, que debería conseguirse, con el mínimo esfuerzo posible.

Cuando nos enderezamos, esta musculatura crónicamente contraída y acortada no cede, no vuelve a su posición inicial de relajación sino que nuestra columna es comprimida por esta musculatura acortada y adaptándose queda fijada en hiperlordosis (aumento de las curvas de la columna) bien sea cervical, lumbar o ambas. Esta tensión crónica de la cadena posterior que nos tira hacia atrás, nos obliga a encontrar nuevas combinaciones de fuerza para ir adaptándonos a las diferentes posiciones para contrarrestarla. Esto inicia un círculo vicioso que va en aumento y que hace que, poco a poco, vayamos perdiendo nuestra flexibilidad, cambiando en nuestro cuerpo la ley del equilibrio por la ley del par de fuerzas.

Así, nuestras articulaciones están cada vez más presionadas por estos músculos acortados, lo que provoca desplazamientos y rotaciones con apoyos articulares inadecuados. La cadena de los músculos posteriores, cada vez más tensa, impide el buen tono de los músculos antagonistas, que se vuelven flácidos. Los nervios, vasos sanguíneos, vasos linfáticos que pasan a través de ésta musculatura agarrotada encuentran dificultada su función, provocando problemas en los órganos que dependen de ella. El problema se generaliza.

Sin embargo, hay otro factor que actúa de una manera más solapada para contribuir a nuestros dolores. Es el estrés, tanto emocional como físico. Toda la carga y la tensión, que dado el significado que muchísimas veces tiene para las mujeres este trabajo: obligación, humillación, servilismo, se añaden a la sobrecarga física que representa. En la situación de estrés el organismo se prepara para la defensa. Por lo tanto estimula el cortex cerebral, el corazón y la musculatura para preparar el cuerpo para el ataque o la huida; es una reacción mamífera. Al no haber lugar ni la una ni la otra la situación de defensa se hace crónica y las hormonas del estrés (adrenalina, noradrenalina, cortisol etc…) al no ser utilizadas y metabolizadas, permanecen en el organismo realimentando el círculo de la tensión y contribuyendo a, además de otros problemas orgánicos, acelerar el proceso de la contracción y acortamiento de la musculatura. Tensión y mala postura se alían así desencadenando los dolores de espalda.

Para ayudarte a aligerar este sombrío panorama, desde estas breves líneas puedo proponerte un pequeño estiramiento que, sin ser la panacea, puede aliviar la tensión de esta musculatura posterior cuando haya sido sobrecargada.

Colócate acostada en el suelo con las piernas apoyadas en la pared.

Las nalgas deben estar tocando la pared y, a ser posible el suelo. (Hay que dar preferencia al contacto con la pared, si no se logran los dos.)

Las rodillas no deben girar, flexionándolas si hace falta para que la rótula y los dedos del pie miren en la misma dirección.

La columna debe apoyar al máximo al suelo. Si resulta difícil apoyar el espacio entre los omóplatos se pueden cruzar los brazos sobre el pecho.

La cabeza no debe ir hacia atrás ni cerrar el cuello con la barbilla sino quedar con la cara paralela al techo.

En esta posición, respira con la boca y garganta abierta como si quisieras empañar un cristal. Debes sentir como las costillas bajan en la espiración, procurando que la cabeza y los hombros no se dejen arrastrar.

Intenta ir bajando las nalgas al suelo, deja el peso de las piernas a la pared, (no sujetarlas desde las ingles) y mantén esta posición respirando, intentando relajarte en ella al máximo durante unos cinco minutos. Permite que los músculos de la parte trasera de tus piernas se estiren.

Para aumentar el estiramiento puedes mover los pies, doblando el tobillo (no los dedos de los pies) hacia las piernas y hacia la pared.

Para liberar el círculo del estrés recurre al ejercicio físico. Cuando te sientas con mucha tensión acumulada no te sientes o acuestes a descansar sin antes haber hecho algo de ejercicio, aunque sea correr, patear, o chillar en tu casa. Así liberarás al menos parte de las hormonas del estrés y tu sistema de recarga funcionará mejor.

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