El sistema de la liebre

El sistema de la liebre.

(Publicado en la revista MYS)

¿Estás cansada?

¿Dirías que tu cansancio es producido más bien por acumulación de tensión o por simple desgaste físico?. ¿No te has parado nunca a observar esta gran diferencia? Sin embargo es importante saberlo, puesto que el proceso de recuperación es diferente en cada caso.

El cansancio simpaticotónico. Cuando después de un duro día, (o quizás varios, según el estado de las reservas), cargado de tensión y estrés, surge la sensación de agotamiento, parece que no deseamos otra cosa que echarnos al sofá.

No obstante, aunque nos vayamos a la cama, nuestro sueño será muy posiblemente inquieto o pesado. Quizás nos despertemos a media noche con sensación de tensión en las piernas o en los brazos, o tal vez aparezcan pesadillas o insomnio. Y, a la mañana siguiente, nos despertaremos sin tener la sensación de habernos recuperado.

¿Cómo puede ser?¡ Si estábamos tan cansadas!

Somos mamífer@s y como tales, funciona nuestro sistema de defensa. Es decir: delante de una situación de agresión o peligro bien sea físico o psíquico, todo nuestro ser responde al estrés preparándose para la huida o la acción.

En esta situación segregamos una serie de hormonas y neuro-transmisores para poner en alerta a todo el organismo y preparar la respuesta eficaz.

En este engranaje perfecto, queda estimulado el cortex cerebral: pensamos a una velocidad pasmosa muchas soluciones diferentes.

Nuestros músculos se ponen en tensión: llenos de adrenalina, preparados para la acción necesaria.

Y esta adrenalina estimula también el corazón: para sostener el esfuerzo.

Muchas funciones viscerales son inhibidas (movimientos intestinales, asimilación y excreción, secreciones hormonales), en espera de la vuelta a la normalidad, porque en este momento necesitamos movilizar todas las reservas del organismo para la supervivencia.

Pasado el peligro, solucionada la situación, el balance cambia para volver a la normalidad y aparece la relajación, el sueño, la necesidad de descanso y recarga.

Este balance entre la acción y el descanso, entre la defensa y la recuperación, es regido en gran parte por el sistema nervioso neurovegetativo, siendo la acción del sistema simpático, la preparación del cuerpo para la acción y la defensa y la del parasimpático o vago la recarga energética, el funcionamiento visceral, la asimilación y eliminación.

Por ejemplo las liebres:

Lo que durante tiempo fue observado como un curioso comportamiento de estos animales, resultó ser un perfecto ejemplo de gestión del estrés.

Cuando una liebre ve acercarse un enemigo, su primer mecanismo para defenderse es quedarse inmóvil, confundiéndose con el paisaje para no ser vista.

No obstante, en esta aparente inmovilidad, su sistema defensivo está en total actividad organizando todo el sistema de defensa por si un esfuerzo supremo de supervivencia fuera necesario: atacar o salir huyendo.

Si la primera estrategia funciona y el/la enemig@ pasa de largo, la liebre no vuelve tranquilamente a su madriguera. Es lo que podría parecer lógico. Sin embargo, lo que hace, es echar a correr en círculos hasta que todas estas hormonas que habían puesto su cuerpo en alerta, hayan sido utilizadas. Y, es una vez invertida la balanza hormonal y neurovegetativa, que volverá tranquilamente a su madriguera para recargar sus energías.

No suele ocurrir así en l@s human@s. Aparentemente desconectad@s de nuestros instintos mamíferos, en las situaciones de estrés, bien sea físico o emocional, aguantamos mecha hasta unos límites insospechados, incluso llegamos a vivir este estado como normal. Y así retroalimentamos perennemente el sistema con todas las pequeñas y grandes disfunciones que acaban produciéndose en nuestro organismo, al nivel de todos los sistemas: muscular, hormonal, nervioso y circulatorio.

Y es que nuestro aprendizaje social está en gran parte basado en la inhibición de las respuestas al estrés.

Cuando, en nuestra vida relacional o laboral se producen situaciones estresantes, rara vez tenemos la posibilidad de desactivar mediante una respuesta eficaz, esta respuesta global de nuestro organismo. A pesar de la apariencia externa, incluso de la sensación subjetiva de haber superado la situación, todo este sistema de tensión queda activado en nuestro interior. En vez de ser utilizadas y transformadas, estas hormonas continúan persistentes impidiendo o enlenteciendo la fase de regeneración que, con predominio del sistema parasimpático, debería entrar en acción.

El cansancio, por lo tanto, si la causa del estrés ha desaparecido, se disipa muy lentamente, dejando sus secuelas de desgaste.

Hay, sin embargo, otro tipo de cansancio:

El cansancio vagotónico.

La mayoría tenemos la experiencia de este otro cansancio que se suele vivir como bueno y sano. Es el que aparece, por ejemplo, después de una larga marcha sin estrés, o de cualquier esfuerzo físico prolongado hecho voluntariamente.

Es un estado muy diferente. La mayor oxigenación, la utilización y eliminación de residuos acumulados en el organismo por la tensión, y el cambio de polaridad de la balanza del sistema nervioso neuro-vegetativo han operado el milagro. Entonces el sueño cambia, se vuelve reparador y al levantarnos tenemos una sensación de bienestar y descanso.

Es un cansancio que no tiene historia mientras sepamos y podamos escuchar el ritmo de nuestro cuerpo sin intentar forzarlo.

Aprendamos de las liebres, en cuanto al agotamiento por estrés. Recuperemos nuestro instinto y no vayamos a descansar con el cuerpo en alarma lleno de las hormonas del estrés sin metabolizar. Démonos una fase de descarga, aunque sí… ¡¡cuesta, cuesta!!. Pero es así como descansaremos luego verdaderamente.

¿Qué podemos hacer?

Preventivamente, hay algunos sistemas para desactivar la escalada del mecanismo de estrés, si nos podemos dar cuenta de su inicio. Uno de ellos es salivar (buscar la salivación relajando el interior de la boca). Y, o, respirar profundamente y pausadamente intentando sentir el movimiento de la respiración en el interior del vientre.

No obstante, si nos damos cuenta de que ya estamos cargad@s de tensión, podemos recurrir simplemente al ejercicio físico. Esto nos ayudará a descargar, al menos en parte, este sistema. Correr, bailar, saltar en cama elástica etc…cualquier ejercicio factible a nuestro alcance.

Si conocemos ejercicios de estiramiento será una muy buena ayuda para soltar la tensión acumulada en el cuerpo, activar la circulación, la eliminación y desbloquear el sistema nervioso.

Un punto importante también para ayudar a una buena eliminación, es beber mucha agua.

Si el estrés ha sido mayormente emocional, esta descarga, para ser eficaz, deberá implicar también la expresión emocional del cuerpo. Puede servir: gritar (en el coche con las ventanas cerradas nadie te oye), llorar, patear, pegar, sacudir brazos y manos…

Estas soluciones sirven para un momento o una situación concreta, no son la panacea. Pero pueden ser de mucha utilidad si les damos un sentido más profundo. Si además de ayudarnos a descargar tensión, a encontrar un mejor reposo para restaurar nuestro sistema, las utilizamos para tener un mejor conocimiento de nuestro funcionamiento. Por ejemplo: de la manera en que acumulamos tensión en nuestro cuerpo o de los sentimientos que quedan inhibidos y no podemos expresar. Y ello, quizás, nos encamine a buscar ayuda terapéutica, si descubrimos que el conflicto que nos mantiene en estrés es difícilmente solucionable, o difícilmente localizable.

Sin embargo, mientras iniciamos un proceso que nos lleve a vivir con menor estrés, el sistema de la liebre siempre nos ayudará a encontrarnos mejor y gestionar de una manera más adecuada nuestro sistema.

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