¿AGOTAMIENTO O RECUPERACIÓN?

Francisca me contó como, un día, estando de visita en su casa su amiga Cristina que pesaba 98 kgs y era una mujer sedentaria y poco activa, había sucedido algo inesperado. Al salir a contemplar el campo, había sido seguida por un perro del vecindario. Cristina tenía pánico a los perros. Echó a correr hasta que se encontró frente a una pared, y, sin mirar atrás, saltó. Más tarde frente a la pared se decía incrédula: ”He saltado esta pared, he saltado esta pared, he saltado…” Más tarde no se atrevió siquiera a probarlo.

¿Qué había sucedido?

Somos mamífer@s y como tales, funciona nuestro sistema de defensa. Es decir: delante de una situación de peligro (real o proyectada) todo nuestro ser se prepara para la huida o la acción.

En situación de estrés segregamos una serie de hormonas y neurotransmisores que ponen en alerta a todo el organismo que se prepara para la respuesta eficaz.

En este engranaje perfecto, queda estimulado el cortex cerebral: pensamos a una velocidad pasmosa muchas soluciones diferentes.

Nuestros músculos se ponen en tensión: llenos de adrenalina, preparados para la acción.

Esta adrenalina estimula el corazón: para sostener el esfuerzo.

Y, son inhibidas muchas funciones viscerales (movimientos intestinales, asimilación y excreción, secreciones hormonales), movilizando todas las reservas del organismo para la supervivencia.

Pasado el peligro, solucionada la situación el balance cambia y aparece la relajación, el sueño, la necesidad de descanso y recarga y de nuevo los movimientos viscerales inhibidos recuperan su protagonismo. Este balance entre la acción y el descanso, entre la defensa y la recuperación, es regido en gran parte por el sistema nervioso neurovegetativo, siendo la acción del sistema simpático, la preparación del cuerpo para la acción, para la defensa y del parasimpático o vago la recarga energética, el funcionamiento visceral, la asimilación y eliminación.

Escollos en el balance neurovegetativo

Puede ocurrir, sin embargo, que a pesar de prepararse todo el organismo para la defensa o la acción, no haya resolución del conflicto. Debido a circunstancias ajenas a la persona, y muchas veces a circunstancias internas, la mayor parte de las veces, inconscientes.

Correr hacer ejercicio, andar ayuda a descargar todo este sistema aunque la descarga sea solamente momentánea si la situación de estrés no se ha resuelto. Al menos momentáneamente descargaremos la tensión y utilizaremos, en parte estas hormonas y neurotransmisores que mantienen el organismo en alerta. (De ahí la adicción a la gimnasia y al deporte)

No obstante cuando este estrés haya sido mayormente de tipo emocional, no será suficiente el simple ejercicio físico. Será necesario otro tipo de descarga como llorar, gritar, pegar o patalear.

No siempre nuestro sistema de defensa parece actuar razonablemente.

Las antiguas órdenes de inhibición establecidas en su día pueden continuar vigentes, siendo más fuertes que la orden que resolvería la situación actual. Hay otro peligro (real, imaginario, o pasado) que está grabado como más importante que el actual.

Este peligro, muy frecuentemente tiene que ver con la falta de amor, y es vivido como la amenaza más importante a la vida, aunque ello no parezca aplicable a las circunstancias actuales.

Y es que las primeras memorias fueron grabadas en nuestra pequeña infancia, cuando el ser humano es completamente dependiente de los cuidados del entorno, y cualquier acción o reacción que implique la amenaza de su pérdida es una amenaza a la conservación de la vida.

Por eso curiosamente al ser adult@s podemos encontrarnos paralizad@s ante las acciones necesarias para la defensa si estas llevan, consciente o inconscientemente la amenaza de la pérdida de amor o cuidados. Si esta fue la experiencia aprendida en la pequeña infancia.

Si no hay una solución eficaz, el circuito de estrés interno queda activo, aunque pase por fases de latencia. Todo el cuerpo se adapta a ello y a su vez lo mantiene. Los circuitos de hormonas, neurotransmisores continúan activos con sus consecuencias en las tensiones musculares, tensiones viscerales, desarreglos hormonales etc… El mecanismo queda en latencia pero no desactivado mantenido por toda la estructura corporal. Si el estrés continúa, las reservas del organismo se van agotando.

Aparece el agotamiento del sistema.

Hay un cansancio por agotamiento del sistema defensivo, al no resolver la situación de conflicto, la situación estresante, o resolviéndola solamente momentáneamente o aparentemente.

Aparece la Vagotonía, o predominio del parasimpático.

Cuando la situación de estrés, tensión ha sido muy prolongada, como por ejemplo cuando se ha cuidado largamente una persona próxima muy enferma, o cuando se ha vivido mucho tiempo una relación destructiva, cuando esta situación se acaba o se resuelve, cuando la persona aparentemente podría estar ya bien y descansada, sucede con mucha frecuencia que cae en un agotamiento difícil de asumir. A su sorpresa, parecía más fuerte y más entera cuando estaba manteniendo un sobreesfuerzo y ahora no logra reunir sus fuerzas psíquicas ni físicas. Es en estos momentos que cunde la alarma.

El sistema defensivo deja de actuar. Sin embargo ha dejado al cuerpo sin reservas. El balance neurovegetativo, muy bien descrito por Hamer al nivel de las enfermedades graves, se puede observar también en niveles más cotidianos. Cuando entramos en la fase de resolución, de recuperación y curación, y nuestro organismo sabiamente nos pide reparar, dormir, descansar y alimentarnos, nuestra mente que ha sido educada para la productividad, para el control de las necesidades emocionales y fisiológicas, se alarma Esta fase vagotónica se vive negativamente a pesar de que es una fase inevitable para reiniciar el reciclaje del cuerpo.

Después de una larga situación de estrés físico y, o, emocional, las personas luchan para mantenerse en una situación de funcionalidad y normalidad cuando sería necesario asumir el duelo o el agotamiento del organismo. En estas circunstancias muchas personas entran en una situación nueva de estrés para poder tener la sensación de continuar funcionando. No pueden relajarse ni descansar, porque soltar esta hiperactividad podría obligarlas a enfrentarse con un tocar fondo del agotamiento.

Nos asustamos muchas veces justamente cuando estamos entrando en la fase de resolución de los problemas emocionales y de salud, y vivimos, la mayor parte de las veces, con más alarma la fase de recuperación que la fase en la que estamos enfermando. En nuestra escala de valores sociales se vive mucho peor estar agotados que estar “como una moto”.

Así pues la situación de agotamiento, que será proporcional al tiempo de duración del estrés, al tinte emocional subjetivo, a la situación del sistema defensivo, debería vivirse como bienvenida, como un mecanismo de restauración del organismo y como cambio de la polaridad neurovegetativa que restablecerá el equilibrio.

Es el momento en que nuestro sueño será reparador, seremos capaces de concentración relajación, asimilaremos las vitaminas los nutrientes y nuestro psique será más capaz de elaborar la situación vivida.

Muchas funciones de nuestro cuerpo recuperarán lentamente su equilibrio. (Tensiones musculares, disfunciones viscerales, del sistema inmunitario etc…) siempre y cuando comprendamos el proceso, no lo asociemos a la depresión y no caigamos en un nuevo estrés por no estar inmediatamente en forma (obligación, sentimiento de culpa, ser capaces de…).

A pesar de las circunstancias sociales siempre adversas al descanso, la recuperación, será aconsejable buscar un espacio físico y psíquico, y muchas veces ayuda terapéutica, para esta fase, para no encadenar de nuevo con la tensión.

Hay por lo tanto que distinguir dos clases de cansancio: el cansancio debido al acumulo de tensión, de las hormonas del estrés que impiden la balanza neurovegetativa y el cansancio que aparece posteriormente a la resolución de una situación de estrés o de un conflicto.

A veces se cabalgan el uno con el otro y no son de fácil distinción. No obstante algo les distingue: el sueño. En agotamiento por estrés se duerme mal, inquiet@s, aparece a veces el insomnio y aunque se duerma pesadamente, no se tiene sensación de sueño reparador.

Contrariamente al cansancio vagotónico, se distingue por una buena calidad de sueño acompañada de sensación de descanso.

Cuando aparece el primero, la solución no es apoltronarse frente al televisor o irse a la cama a mal dormir. Si previamente descargamos la tensión mediante ejercicio físico o descargas de tipo emocional (patear, gritar etc..) lograremos al menos no acumular y tener un sueño más reparador. En el segundo caso: aprovechar para descansar y alimentarse bien.

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