El cuerpo antídoto de la Locura (Luz Cassasnovas)

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Nuestra existencia es vivir en defensa permanente?

La inadecuación, el malestar, el fracaso son sensaciones que impelen a huir, lo que genera ansiedad, angustia, una situación de vigilia, de guardia, de tensión.

No podemos ser o estar como somos o deseamos, sino como debemos; hemos interiorizado “tener que ser” para olvidarnos de “ser”, hemos olvidado los gestos, las palabras o las acciones que en cada momento nacen de nuestro sentir, para imitando, hacer y decir lo que debemos, aparcando y apartando todo aquello interno, propio, profundo, genuino, que huela a original, auténtico, agresivo; a todo lo que pueda producir una mala cara, un malestar, una extrañeza, una ironía, una agresión. Hemos dominado el cuerpo para que haga y diga lo que debe sin evaluar el precio. Negar el propio cuerpo de mujer es negar una existencia que conlleva sentir, respirar, relacionarse, confiar, reír, percibir.

Para cumplir los deseos de esta sociedad educadora e impositiva, negamos las percepciones y emociones del cuerpo, lo que origina estrés que silencia el cuerpo y le deja sobrevivir, vegetar, para no aumentar el conflicto cuerpo-mente.

El estrés que supone adaptar mi cuerpo a una exigencia para ocultar continua y permanentemente unas funciones y deseos que nacen de él, es el esfuerzo cotidiano que supone una negación, un teatro de las emociones y sentimientos que llevan a la locura cuando menos, locura bien llevada hasta que ocurre algo que nos sobrepasa y emergen personajes, fuerzas y personalidades, que siendo nuestras, desconocemos y tememos.

Pero también es un estrés descubrir lo que el cuerpo quiere o dice después de haberlo abandonado durante mucho tiempo.

Es el descubrimiento de deseos, emociones, respiración y potencialidades que no se ajustan al modelo social; descubrir que eres risa, fuerza, entusiasmo, eres creadora, artista, indivisible, genuina, valiosa y mucho más, lo que desencadena una crisis.

Crisis de identidad que conlleva llanto, rabia, duelos, extrañeza, síntomas que no puede permitirse una mujer porque se oponen al concepto de madre, hija, esposa; diálogos corporales que son la iniciación a la vida, sana, integral u holística, pero con toda la sociedad en contra; es un viaje solitario pero no aislado, surjen otras relaciones, se descubren amistades y amores que sólo se establecen con quien ha iniciado este viaje a la completud y que entiende y comparte esa aventura, ese reto, esa travesía.

Crisis que conlleva síntomas que no siempre entiendes y que persisten a pesar de tus esfuerzos.

La tentación de intervenir al modo tradicional o de seguir las vías al uso, es el mas fácil porque no te cuestionan o discuten, pero silenciar los síntomas es aumentar la presión sobre el cuerpo, exigiéndole más, lo que aumenta los síntomas, lo que aumenta la presión, hasta la enfermedad.

Ese plus de esfuerzo o exigencia que hacemos en el trabajo o en cualquier cosa y lo atribuimos a los demás, está dentro, es la exigencia propia que acaba con el derecho a errar; la inadecuación y extrañeza de lo propio y la inseguridad que ello conlleva nos hace exigirnos más, silenciando la manera o forma de sentir y pensar genuinamente de cuerpo de mujer. Eso es una mutilación que acaba por dar síntomas, sufrimiento personal que puede manifestarse de diferentes maneras pero conlleva una incapacidad para entenderlas y resolverlas debido a la incomunicación con el propio cuerpo que es “el enfermo”, enajenando de los síntomas “el resto” de la mujer sufriente, es decir su sentir, su pensar, su desear.

¿Estamos locas? Las mujeres somos todas unas histéricas, enajenadas, encadenadas, frenéticas, idas, sometidas, desconfiadas, rabiosas? Por lo que decimos y sentimos o por lo que hacemos?

Lo que puede parecer locura es el síntoma, resultado del conflicto entre lo que el cuerpo necesita y lo que la mente impone. El pensamiento preponderante es lógico, lineal y masculino. El cuerpo de mujer desaparece ante esa presión y juega un rol, basado en un modelo externo y ajeno a ella que tiene más fuerza que el modelo propio.

El cuerpo ni está mudo ni está perdido, está hablando un lenguaje que a fuerza de ignorarlo, no sabemos descifrar, los síntomas que aquejan al cuerpo de las mujeres es una manera de léxico, de existencia, de ser, la traducción simultánea aprendida es estoy loca o está loca, igual a ansiedad, pánico, fobias, neuras, excentricidades, no hay quién las entienda pero ella saben lo que dicen; sus cuerpos siguen ahí, gritando su prisión, hasta que algún azar, algún personaje aparentemente casual, abre la mente para escuchar, porque todo es silencio si nadie escucha gritar; entrar en ese lenguaje nuevo explica, sana, conduce, a lugares más armónicos que el mandato social.

Pero ¿qué es el cuerpo? Una máquina extraña, insegura, lejana, desconocida, muda, sin sentimientos ni trascendencia, sin memoria o inteligencia, sometida, obediente.

¿Qué le pasa al cuerpo que despierta esos rechazos? Qué se teme que manifieste o muestre? A qué mundo prohibido tememos que nos lleve? Y si hay un mundo prohibido para nosotras y nuestro cuerpo a qué esperamos a desvelarlo, vivirlo, hacerlo nuestro? Qué les puede pasar a los otros si nos desmandamos (en sentido de no hacer lo que nos mandan), si encontramos otra clave esencial para seguir adelante en la sociedad?

Somos un cuerpo físico integrante de nuestra identidad junto al intelecto y al mundo afectivo. Es la inviolabilidad del cuerpo, su integridad y desarrollo, necesario para la supervivencia y adaptación al medio, dos condiciones para el desarrollo armónico. Integridad como concepto subjetivo de sí misma.

Cuerpo con un lenguaje sin palabras para mantener un diálogo con la mente y los sentimientos en reciprocidad, que construye la comunicación, la referencia de quien soy. Lenguaje corporal que la mente entiende y asimila. No es un lenguaje banal o inmaduro; es primario, en el que se basan el instinto, la supervivencia y las emociones; es simbólico, elíptico, que no tiene fin y siempre está cambiando, adecuándose a la realidad que percibe y que es básicamente su trabajo, llevar a la mente a una realidad física, cósmica, ecológica, que permite evaluar el medio, explorarlo y ver lo que aporta de beneficioso o de dañino.

Entre la normalidad y la locura hay grados, sólo grados de enajenación, grados de aislamiento, grados de realidad, grados de corporeidad. Cuando los grados de estar en el cuerpo bajan a favor de grados mentales, de ese desequilibrio, surje lo que la sociedad llama locura. El cuerpo es el antídoto de la locura.

La iniciación la lleva la respiración.

Respirar no es sólo tomar aire y expulsarlo, es alentar, es ritmo, es sensación de vida, es regular y atemperar, es amasar y masajear, es soltar, estimular, es sensibilizar, todas estas funciones tiene la respiración, a través de su relación con la musculatura y las vísceras, a través del diafragma y la situación especial que ostenta entre todos los músculos del cuerpo, es ritmo a través de la contracción y relajación, es tiempo que se toma para sus funciones y tiempo que da a los órganos para equilibrarse y oxigenarse, es estimular y relajar a través del masaje que con cada inspiración y espiración produce en las vísceras y órganos de la caja torácica y del abdomen, es flujo sanguíneo a través de la presión sobre los vasos; es voz, a través de la fuerza con la que impele a la laringe y las cuerdas vocales a vibrar y es vida, es vivir con una cadencia, es tiempo para sentir, percibir y actuar.

El acto físico de respirar es un movimiento muscular que arrastra a casi toda la musculatura tanto estriada como visceral. Las funciones de la musculatura son permitir al cuerpo sentir, regular, modular, hacer, ejecutar, sentir, percibir, masajear la musculatura visceral, es decir que la función respiratoria es tan importante por la oxigenación como por lo que conlleva y cuando inhibimos esta función hasta el mínimo, respirando chiquito, rápido, superficial, es para disminuir las percepciones que nacen de los sensores corporales porque si la respiración no los estimula, se percibe poco o nada, hasta que simplemente sobrevivo.

Pero la musculatura también es para bloquear, y a bloquear es lo que se nos enseña, porque para hacer lo que te dicen y no lo que sientes, contraes todas aquellas articulaciones o grupos musculares que te harían sentir lo que no debes, y pones en juego o utilizas aquellas que te permiten sentir que haces lo que debes y que eso está bien para ti y para el medio.

Al desbloquear se modula mejor y se siente lo que se es, y surjen emociones que dan lugar a sentimientos que se habían olvidado o negado. Permite recobrar un mundo personal e íntimo que llamamos identidad o el ser profundo: sentirte entera, sin grietas, sin pérdidas, con capacidad de afrontar aquello que te desautoriza como cuerpo de mujer en una sociedad donde ser mujer tiene un coste elevado. También tiene un coste sentirte así, el coste de ser diferente, pensar diferente, escoger diferente; cambian tus afectos, tus pensamientos, tus baremos y valoraciones, tus ocios y tus amores, tu visión de ti misma y de los otros. El Otro pasa a un lugar donde tiene otros valores, tu cuerpo completa tu manera de existir o tu existencia de forma indiscutible lo que te da el valor necesario para seguir.

Cuerpo como propiedad, identidad, construcción, con valía igual que la mente o los sentimientos en una relación de comunicación que cada una de las instancias vela por la otra sin separase, sin oponerse, sin abandonarse o ensordecerse.

Cuerpo no en sentido social, trabajador, doloroso y dolorido, materno, cuidador, paridor, bello, exigente, a dieta.

Cuerpo en sentido gozoso, alegre, divertido, ejecutor, realizador de sueños, de anhelos, de sexo, real y femenino, hambriento, sediento y necesidad de sueño, y por tanto, que regula, encarna, delimita, identifica, mira, oye y sabe lo que dice…

Un cuerpo así tiene juicio, tiene las bases para darle coherencia a la mente que acompaña, no es propiedad de la sociedad sino de su propia existencia, no se doblega ante lo insano, guía como sabio que es por el camino de la salud y la cordura.

Ni es histérico ni frígido, conceptos machistas que niegan la necesidad de la adecuación, la oportunidad, del tiempo como concepto diferente del tiempo masculino.

Necesitamos reconquistar nuestro bagaje corporal e in-corporarlo en nuestro funcionamiento para que sea armónico, integral, completo. La locura de descubrir y vivir con y desde mi cuerpo para sentir que cotidianamente es destruido, anulado, silenciado, maldecido.

Cuando las mujeres se atrevan a no hacerle el juego a la socialización, tendrán que descubrir sus deseos, su sexualidad, sus impulsos que nacen del cuerpo liberado de sus prisiones (en sentido de Teresa de Ávila).

Si las mujeres vivimos en un cuerpo enajenado o aislado de sí mismo es imposible esperar una respuesta coherente, más bien hay que esperar una respuesta disfuncional.

La histeria, la depresión o la ansiedad las enmarco en esa respuesta que impide hacer, puesto que es paralizante, o defenderse de tomar decisiones que van contra su sistema, único, personal que sobrepasa el entendimiento y la lógica de la mayoría, incluída la misma afectada.

EL CUERPO: EL ANTIPSICÓTICO MÁS POTENTE, EL ANSIOLÍTICO MÁS EFICAZ

La locura es una desconexión del sistema mente-cuerpo, pero sin llegar a tal situación hay grados en los que la desconexión produce ansiedad, fobias u otras situaciones de lo más cotidianas. Es la colonización de la mente por ideas, lógica o sociedades ajenas que somete al sistema mente-cuerpo al miedo, a la renuncia permanente, al desequilibrio.

Cuando el cuerpo no puede ser ordenado por la mente confundida, intenta mantener la alostasis a toda costa, es decir preserva la vida. Tiene sistemas nerviosos autónomos y el sistema intestinal, a base de serotonina, que funcionan, aislados de las órdenes mentales.

Como es una situación de peligro, la mente ordena al cuerpo defenderse; el cuerpo activa la respuesta y deja de respirar profundamente, contrae tanto la musculatura estriada como la visceral, produciendo un estado de simpaticotonía. A su vez, esta situación alerta más a la mente que mantiene la situación de miedo y así hasta el infinito, en un círculo peligroso ya que la descoordinación de ambos sistemas es la sensación de muerte.

La respiración profunda, lenta, amplia permite salir de esa alerta y volver a recuperar un ritmo equilibrado entre ambos sistemas reguladores el simpático y el parasimpático, lo que la mente interpreta como bienestar y serenidad. El bienestar lo da la relajación muscular, el cuerpo se relaja y la mente deja de detectar peligro.

El cuerpo es un ansiolítico y antipsicótico muy eficaz que la medicina no conoce a pesar de basar sus conocimientos e investigaciones en él. Los medicamentos abundan más en ese divorcio, alejando a las personas de la solución holística y sana que es la recuperación del equilibrio mente-cuerpo.

El equilibrio es la relación entre sistemas que funcionan como un todo, es la conciencia de ser un cuerpo con una mente, es la identidad total y sentir los sistemas corporales funcionando; tocar y ser tocada por las sensaciones, ¡estamos tan acostumbradas a bloquear las sensaciones que ni siquiera sabemos cómo lo hacemos ni cómo deshacerlo!

Pero son las sensaciones las que nos dan corporeidad, lo que miras o lo que tocas, es real, te das el tiempo de sentirlo, de asimilarlo.

En vacaciones anhelamos recuperar un sueño reparador, unas actividades lúdicas y físicas que paren la mente, comer sin horarios ni protocolos, recuperar nuestro intestino para que funcione sin someterlo a las torturas de las normas sociales, recuperar todas las relaciones sexuales que el cansancio y el tiempo te han impedido y que tu fantasía las convierte en grandiosas o gloriosas.

Todo esto nos demuestra lo desconectadas que estamos once meses del año ¿Cómo no estar locas?

Respirar profundo como hábito, no como último recurso para sobrevivir, sentir cómo encojes el estómago para no tener ciertas emociones o sentir las que debes, pisar sintiendo los apoyos de los pies y del cuerpo, ser consciente de qué músculos utilizas en tus acciones cotidianas, saber cómo encojes y aprietas las mandíbulas para no decir lo que te parece, conocer esos dolores crónicos que no desaparecen hasta que entras en ellos y desvelas las historias que te han querido contar a pesar de tu sordera crónica; no necesitar seguir una dieta sana porque tu cuerpo te indica, sutilmente aquello que le va a ser imposible digerir, eso es tener conciencia corporal, eso es vivir un poco más armónica que lo que te enseñaron.

No tener curiosidad por saber qué funciones realiza mi hígado o dónde se sitúa, no tener ni idea de lo que pasa en el intestino cuando como o bebo algo o cómo funcionan mis articulaciones y sólo me acuerdo que las tengo cuando me duelen; todos estos datos indican lo alejadas y enajenadas que estamos de nuestro cuerpo del que sí sabemos los pelos que depilar, cómo perfilar las cejas, la línea del labio que corrijo con el lápiz o el tipo de vestido o pantalón que disimula o ensalza la forma corporal que más aprecio y luzco más gustosa. Esto es esquizofrenia o psicosis o fobia o locura, en todo caso, armonía o felicidad, no es.

Tener que acudir a metodologías, terapias, medicamentos para recuperar lo que es nuestro, con lo que nacemos indica lo lejos que estamos de vivir saludablemente, que nuestra civilización privilegia la mente, reservando el cuerpo para someterlo, no para disfrutarlo.

Si aceptamos que la educación y socialización es para sentir y pensar lo que debemos como mujeres (esquizofrenia de género) y abandonamos lo que deseamos o anhelamos (bienestar holístico) entonces debemos escoger continuamente entre una situación y otra, no se pueden dar las dos a la vez.

Es un trabajo personal costoso, dificultoso, que pone en entredicho muchas de las cosas aprendidas, de las decisiones tomadas en cuanto a trabajo, pareja, familia, profesión, amistades, es tomar un camino que aleja del orden social y político correcto.

Es un sistema de soledad, para vivirlo intensa y personalmente, significa recuperar ese espacio personal íntimo, no compartido que es tu cuerpo y tu mente funcionando en armonía.

EL CUERPO COMO MEDIO AMBIENTE DE LA MENTE

Y si consideramos el cuerpo como el medio ambiente de la mente?

Teniendo en cuenta la tendencia a considerar que el medio ambiente (ambioma) es un factor esencial en el desarrollo y manifestación de la carga genética (genoma), veamos al cuerpo como el medio ambiente o el microclima que sostiene y mantiene al cerebro y permite su desarrollo.

Lo que no se discute es que el medio (ambioma) influye en el desarrollo y manifestación genéticos (genoma) y éste en el ambioma. Separarlo es seguir anteponiendo la funcionalidad y materialismo a la concepción integral que es la tendencia actual, globalizar para usar un término en uso. La experiencia, es decir lo que le sucede al individuo, influye en la expresión génica a través de múltiples vías de orden bioquímico (las hormonas y neurotransmisores juegan un papel primordial) y es un camino de ida y vuelta.

Por tanto es cerrazón, seguir pensando que la mente funciona aislada de su cuerpo y de todas las funciones que éste mantiene dentro de unos límites sostenibles para la vida, sin ser influido por los pensamientos o sentimientos, así como de las múltiples órdenes mentales elaboradas para adaptarse a los cambios físicos del medio.

La capacidad intelectual y el carácter son mediados por la sociedad, el medio ambiente, la alimentación o educación. El ambiente físico que permite al cerebro materializar lo que piensa y ejecutarlo es el cuerpo.

Si esto es así, tenemos que dar paso a otra concepción del cuerpo, la de compañero inseparable de la mente, la de equipo que funciona sincronizadamente y lo que le pasa a uno le pasa al otro.

Las manifestaciones de ese equipo son las que difieren; cada cual tiene una manera de expresar su funcionamiento, su necesidad y su respuesta a lo que nos pasa cada instante, continuamente, nunca dejan de funcionar así, incluso mueren juntos.

Ahora bien, si el cuerpo detecta una situación de peligro y necesita las órdenes cerebrales destinadas a resolver esa situación de urgencia pero esas órdenes, contradicen la educación o la moral o la conveniencia, la mente entra en caos: si prioriza la necesidad corporal contradice la orden social. Y si prioriza la orden social, sacrifica la supervivencia para someterse, de nuevo.

Esta “esquizofrenia” la resuelve como siempre haya resuelto los conflictos desde el útero materno, es decir activando el funcionamiento de defensa aprendido: si es con estrés, lo hará activando toda la respuesta con la consiguiente superactivación de la amígdala y la respuesta será de ansiedad o de fobia. Esta es una respuesta de escape, que no resuelve la situación, sino caotiza más, tanto a la mente como al cuerpo y ambos tienen un funcionamiento de exigencia, de gasto y de rendimiento cero.

Estos son ejemplos extremos, por tanto entre una respuesta caótica y la respuesta sana o adecuada hay niveles, pero todo se explica por este mecanismo de relación armónica y de equipo.

Suprimir o someter la respuesta corporal a la conveniencia, es como vivir sin el medio ambiente y todas sabemos lo que ello conlleva.

¿Basta con saberlo para corregirlo?, Pues no, necesitamos recuperar, repensar, entrenar tanto la mente y el cuerpo en otro funcionamiento, en otra relación porque es tan fuerte la imposición socializante que no se cambia sólo con la voluntad o con el pensamiento, de nuevo es el concepto de equipo indivisible e inseparable el que permite empezar a funcionar en armonía, recuperando ese cuerpo de mujer en una mente de mujer.

Se entrena el cuerpo recuperando una respiración libre, armónica, amplia y profunda, que permitirá el funcionamiento correcto y elástico de las articulaciones y cadenas musculares tanto somáticas como viscerales, lo que da lugar a percepciones sólidas y fuertes que activan la respuesta coherente que la mente coordina, la acción corporal que resuelve el conflicto o la situación planteada, sin cadenas sociales o ataduras. No es coherente? No suena a estupendo?

Si el cuerpo de las mujeres se percibiera como tal en esta sociedad, detectaríamos más los peligros, no nos engañarían las apariencias, seríamos lo que queremos ser y no lo que debemos, pero entonces muchas cuestiones sociales se vendrían abajo, ya lo intuyen, qué revolución!

Telde, Septiembre 2010

Luz Casasnovas Susanna

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